Podría ocurrir casos en edificios subutilizados o prácticamente sin uso; sepa cómo proceder

Este artículo fue redactado por Marcos Bensoussan y Fernando Fonseca de NSF International y fue originalmente publicado en FM magazine en Portugués y es publicado en este medio en español con su autorización.

El combate al nuevo coronavirus (SARS-CoV-2), causante del síndrome respiratorio conocido como COVID-19, exige que todos hagamos ciertos cambios en nuestra rutina para disminuir su proliferación. Evitar tocarse la cara, lavarse las manos y objetos en forma rutinaria, toser y estornudar cubriendo la boca con un pañuelo desechable o con la parte interna del codo son apenas algunas medidas de control.

Acciones colectivas como la suspensión de clases, las restricciones al comercio, el cierre de edificios de servicios públicos y la migración de los empleados de la oficina al trabajo desde casa o home office han provocado que un gran número de predios de las ciudades brasileñas y del mundo se encuentren actualmente subutilizados o prácticamente sin uso y, en consecuencia, con un reducido consumo de agua.

Si el consumo de agua es menor, el sistema del edificio tiene un bajo flujo en las cisternas y tuberías y se generan sectores con agua estancada, aumentando el tiempo entre que el agua entra en el sistema y el momento en que se consume o desecha. Se genera un alto impacto negativo en la calidad del agua en el edificio: cambios en su color y sabor, aumentan los procesos de corrosión y, principalmente, crece la proliferación microbiológica y la formación de bio-film.

Mientras más tempo permanezca el agua estancada en el sistema del edificio, habrá más desarrollo de bacterias y microrganismos, concentrándose en niveles que podrían causar infecciones y perjuicios para la salud de los usuarios. Son varias las enfermedades cuyos riesgos aumentan cuando los sistemas tienen un bajo flujo o cuando hay agua estancada, como es el caso de las infecciones gastrointestinales, neumonías severas (como las ocasionadas por la bacteria Legionella) y las infecciones cutáneas (como las causadas por hongos y pseudomonas).

Lo importante para que el sistema de agua sea un poco más seguro durante situaciones de baja demanda de agua en las edificaciones es realizar lo siguiente:

  • Mantener el sistema de desinfección en funcionamiento. Los sistemas de desinfección (como aplicación de cloro) son esenciales para mantener la higiene de los sistemas de agua y combatir la proliferación de microrganismos y deben permanecer en funcionamiento normal, al igual que los tratamientos asociados (como filtración y ajuste de pH). Puede ser necesario redimensionar el tratamiento para un menor flujo de agua. Si no hubiera desinfección en el edificio, el proveedor de agua la debe suministrar con cloro residual, cuya función es controlar la proliferación microbiológica.
  • Mantener los reservorios con niveles bajos. Para disminuir el impacto de la proliferación en los reservorios, lo ideal es mantenerlas en un nivel inferior al normal de forma que el agua almacenada se renueve como máximo cada 72 horas. Por ejemplo: si el reservorio es de 10 m³ y el consumo de agua está en 3 m³ por día, hay que mantener el nivel máximo de agua en la cisterna en 33%. Hay que tener cuidado de mantener siempre el mínimo de reserva para combatir incendios si es que el sistema está conectado a la reserva de agua potable (la reserva de incendios no se altera en momentos de baja demanda).
  • Mantener el flujo de agua en las tuberías. Mantener todas las líneas de distribución y las tuberías con un mínimo de flujo de agua. Para esto, hay que evaluar qué sectores no tienen consumo o en dónde es más bajo para drenar en los puntos de consumo a fin de conservar un mínimo de flujo en las tuberías (priorizar las tuberías que alimenten bebederos, locales que manejen alimentos y lavamanos). Este flujo es esencial para no dar cabida a que se reproduzcan microorganismos, garantizando así que el residual de cloro de la desinfección o de la concesionaria logre conservar las tuberías limpias. Lo recomendable es que ninguna tubería pase más de 5 días sin renovación del agua, nunca más que 7 días.
  • Mantener el sistema de agua caliente en funcionamiento. Cuando haya un sistema central de agua caliente, es importante que siga en funcionamiento normal. Como el residual de cloro tiende a tornarse volátil en temperaturas más elevadas, el control microbiológico depende de que se mantenga la temperatura en la cisterna alrededor de 60oC y en la distribución en 50oC. Al igual que con el sistema de agua fría, las tuberías de agua caliente deben tener flujo que evite que el agua se quede parada por más de 72 horas. A fin de evitar el riesgo de quemaduras, las válvulas mixtas de agua caliente/fría tienen un papel esencial, de lo contrario, se puede colocar avisos para alertar a los usuarios sobre la alta temperatura del agua.
  • Mantener una rutina normal de recolección de datos de monitoreo y análisis. Es importante que el monitoreo (el residual de cloro, turbiedad, entre otros) y los análisis de calidad del agua (como potabilidad y Legionella) continúen con normalidad para evaluar el impacto de la baja demanda. Es importante que, antes de volver al uso normal del predio, se realice una evaluación de la limpieza de las cisternas y el drenaje de todos los puntos de consumo para renovación general del agua; cuando el agua se trata localmente, es posible mantener el residual de cloro ligeramente por encima de lo normal por una semana para un control más eficiente de la calidad del agua. Así, cuando vuelvan los ocupantes, tendrán agua renovada en el sistema.

Estas medidas sencillas tienen el cometido de renovar con una frecuencia adecuada el agua de los sistemas de los edificios, mantener un mínimo de residual de cloro libre en acción y, de esta manera, reducir el impacto del crecimiento microbiológico y otros problemas en situaciones de baja demanda. Son medidas eficientes y son aplicables en prácticamente todos los tipos de edificios, sin embargo, no son especificaciones suficientes para conservar el agua completamente segura para consumo y uso normal.

Existen diversos peligros y condiciones de riesgo en los sistemas de agua fría y caliente de los edificios, al igual que en otros sistemas (como en los sistemas de enfriamiento, tema que no abordamos en este artículo). Por tal motivo, siempre se recomienda que todas las edificaciones cuenten con una gestión de seguridad del agua, basada en una evaluación de riesgos (realizada por un profesional especializado), como un Plan de Seguridad del Agua, que tome en cuenta todos los diversos peligros que puede tener el agua para consumo humano, aspiración y en contacto con la piel y mucosas. Solamente así será posible tener un sistema seguro para este momento así como también durante la operación normal.